viernes, 8 de febrero de 2008

Benito Mussolini -Discurso en Roma 1941


Benito Mussolini - Roma, 23 de febrero de 1941 "A los camisas negras"

"He venido aquí, entre vosotros, para miraros fijamente en los ojos, para pulsar vuestro temple, rompiendo así el silencio que me es tan caro guardar, particularmente en tiempos de guerra. Os preguntásteis alguna vez, en la hora de meditación, que cada cual ha de procurarse durante el día, desde cuándo estamos en guerra? No es sólo desde hace ocho meses, como pudieran creerlo los superficiales copiladores de crónicas. No es desde septiembre de 1939 cuando, por el juego de las garantías a Polonia, Gran Bretaña desencadenó la conflagración con criminal y premeditada voluntad: estamos en guerra, desde hace seis años, exactamente desde febrero de 1935, cuando vió a luz el primer comunicado, anunciando la movilización de la "Peloritana". Terminaba apenas la guerra de Etiopía, cuando desde la otra orilla del Mediterráneo nos llegó el llamamiento de Franco, quien había dado comienzo a su revolución nacional.

Podíamos nosotros, los fascistas, dejar sin respuesta ese grito y permanecer indiferentes ante el perpetuarse de las sangrientas ignomínias de los mal llamados frentes populares? Podíamos, sin renegar de nosotros mismos, dejar de acudir en ayuda de un movimiento de insurrección, que encontraba en Antonio de Rivera a su creador, su asceta, su mártir? No ! Por ello, la primera escuadrilla de nuestros aeroplanos partió el 27 de julio de 1936 y el mismo día tuvimos las primeras bajas. En realidad estamos en guerra desde el año 1922, es decir desde el día en que enarbolamos contra el mundo masónico, democrático y capitalista la bandera de nuestra revolución, que en aquel entonces era defendida por un puñado de hombres. El estallido de las hostilidades, en septiembre de 1939, nos encontró al final de dos guerras, que nos impusieron sacrificios de vidas humanas relativamente reducidas, pero que nos exigieron un esfuerzo logístico y financiero, sencillamente enorme.

Empero, al desenvolvimiento, acelerado a veces, de la historia no es posible decirle como al faustiano instante fugitivo: Detente ! La historia os ase de la gargante y os obliga a una decisión. De haber estado en condiciones al cien por ciento, hubiéramos entrado en la lucha en septiembre de 1939, no en junio de 1940. Durante ese breve lapso de tiempo afrontamos y superamos dificultades excepcionales. Las fulminantes y arrolladoras victorias de Alemania en Occidente eliminaban la eventualidad de una larga guerra continental.

Los que simulan, hoy, pensar que la intervención de Italia fue prematura, son probablemente los mismos que, entonces, la juzgaban tardía. Desde el año 1935, la atención de nuestros estados mayores fue puesta en Libia. Toda la obra de los gobernadores que alternábanse en Libia fue dirigida a convertir en potencia económica, demográfica y militar a aquella vasta región, transformando zonas desérticas en fecundas. Entre octubre y noviembre, fue cuando Gran Bretaña arrojó contra nosotros las masas de sus fuerzas imperiales, reclutadas en tres continentes y armadas por el cuarto. Ahora bien, no somos nosotros como los ingleses y nos jactamos de ello. No hicimos nosotros de la mentira un arte de gobierno, ni tampoco un narcótico para el pueblo, cual lo hacen los gobernantes de Londres.

Nuestra capacidad de recuperación en el campo moral y material es sencillamente formidable, constituyendo una de las características peculiares de nuestra raza. Es muy cierto que habrá que luchar duramente; es muy probable que la lucha sea larga, pero el resultado final ha de ser la victoria del Eje. Gran Bretaña no puede vencer esta guerra. Os lo demostraré con rigurosa lógica. El acto de fe es superado por el hecho. Esta demostración parte de una premisa dogmática y es que Italia, suceda lo que suceda, marchará con Alemania, hombro con hombro, hasta el fin. Todo aquel que suponga otra cosa, olvida que la alianza ítalo-germana no es solamente entre dos ejércitos, dos Estados, dos diplomacias, sino que es entre dos pueblos y dos revoluciones, destinadas a imprimir su sello a este siglo. La cooperación entre las dos fuerzas armadas desarróllase en un plan de amigable, leal y espontánea solidaridad.

Seguidme ahora, os lo ruego. 1) El poderío bélico de Alemania no ha mermado después de 17 meses de guerra, sino que ha aumentado en proporciones gigantescas. Las pérdidas humanas son mínimas. 2) Los armamentos germánicos son por calidad y cantidad infinitamente superiores a los que obraban al comienzo de la guerra. 3) Mientras que en la guerra mundial Alemania quedaba aislada en Europa y en el mundo, hoy el Eje es árbitro del continente y es aliada del Japón. El mundo Escandinavo, el mundo Danubiano, los países bajos, la Francia ocupada están directa o indirectamente en la órbita germana. En el Mediterráneo están la Italia aliada y la España amiga. Salvo Portugal y Suiza y por algún tiempo más Grecia, está toda Europa fuera de la influencia de Gran Bretaña y en contra de ella. 4) Con tal situación se ha determinado una neta inversión de lo que acaeciera en 1914-1918. 5) La moral de los pueblos del Eje es infinitamente superior a la del pueblo inglés: el Eje lucha con la certidumbre de la victoria. Gran Bretaña lucha porque no le queda otra alternativa. Churchill puede ordenar el bombardeo de las plantas industriales de Génova, para interrumpir su trabajo, pero no es más que una pueril ilusión si pretende con ello quebrantar la moral de la ciudad. Significa no conocer, ni siquiera vagamente a nuestra raza y a nuestro temperamento, la costumbre de los lígures en general y de los genoveses en particular. Significa ignorar la virtud cívica, el patriotismo purísimo de un pueblo que en el arco de su mar diera a la patria Colón, Garibaldi y Mazzini. 6) Inglaterra está sola. Este aislamiento la empuja hacia los Estados Unidos de los cuales invoca, desesperada y urgentemente, socorro. 7) Cuando caiga Inglaterra, aunque eventualmente continúe su agonía en los países del imperio británico. 8) Italia tiene en esta gigantesca obra un papel de primer orden. También nuestra potencialidad bélica mejora cotidianamente en calidad y cantidad. 9) Que la Italia fascista haya osado medirse con Gran Bretaña es un timbre de orgullo que vivirá en los siglos. Ha sido un acto consciente de audacia. Los pueblos llegan a ser grandes cuando osan, cuando se arriesgan, cuando sufren, no cuando, sentados a orilla del camino, viven una vida parasitaria y vil. Los portagonistas de la historia pueden reivindicar los derechos de ella; los simples espectadores, jamás. 10) Para vencer al Eje, deberían los ejércitos de Gran Bretaña desembarcar en el continente, invadir a Alemania e Italia y derrotar a sus ejércitos. Pero no hay inglés, que pueda soñar siguiera con ello.

Dejadme deciros ahora que lo que sucede en Estados Unidos no es sino el más colosal engaño que la historia registre. La ilusión consiste en que los Estados Unidos creen seguir siendo aún una democracia, mientras que, en realidad, no son más que una oligarquía político-financiera, dominada por el hebraísmo. La falsedad consiste en creer que las potencias del Eje quieren atacar a América, después de destruir a Gran Bretaña. Ni en Roma, ni en Berlín, se acarician tan fantásticos proyectos. En todo caso, es mucho más verosímil que los Estados Unidos sean invadidos por el planeta Marte.

Camaradas de la Urbe ! A través de vosotros he querido hablar al pueblo italiano, al auténtico, al verdadero y grande pueblo italiano, el que combate como león en los frentes de batalla de tierra, mar y aire. El que a la salida del sol está de pié para el trabajo de los campos, de los talleres, de las oficinas. El que no se permite los más inocentes lujos. No hay que confundir a ese gran pueblo con una exigua y deleznable minoría de bien identificados holgazanes, llorones y antisociales que gimen sobre los racionamientos y lamentan las suspendidas comodidades. El pueblo italiano, el pueblo fascista se merece la victoria y la tendrá".

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